6 de octubre de 2010

Cosmópolis 2016. Se acabó la pesadilla

La candidatura de la ciudad de Santander a la Capitalidad Cultural Europea en 2016 promovida por todas las fuerzas gubernamentales de la región y especialmente por el Ayuntamiento de Santander y su alcalde Iñigo de la Serna, ha fracasado a las primeras de cambio quedándose en el primer corte, la broma nos ha costado 4,5 millones de euros.

Nada más presentar la candidatura, inútil por otra parte atendiendo a las características del concurso y de la ciudad, ya hablaban de apoyo popular, por supuesto un apoyo totalmente artificial (supuestamente por Internet, por la calle había otras preocupaciones) pero nunca nadie vio un listado de nuestro patrimonio cultural, como se ha podido ver en otras candidaturas, ni tampoco se habló nunca de ilustres santanderinos que pudieran haber justificado por si mismos la candidatura (no vaya a enterarse el mundo de lo que hay), a cambio ficharon como embajadores a eminencias culturales de la talla de Pelé (si, el futbolista, santanderino de pura cepa), un tal Francisco Pérez González (desconocíamos quién era, pero al poner su nombre en Internet, solo sale PRISA), etc.

¿Y qué ha supuesto para los Santanderinos esta candidatura? Por mucho que nos estrujemos el cerebro para encontrar algún aspecto destacable, resulta bastante complicado, las principales iniciativas relacionadas con la misma que podemos recordar consistían en repartir la ciudad por zonas para colocar una banderita de cada país europeo (bueno, sólo de los países europeos que están dentro de la Unión Europea) en cada una de ellas, subvencionar enormes grafitis con extraños motivos, pintar las tapas de las alcantarillas y sobre todo, comilonas, cenas, actos también con buen comer y mejor beber y mucho viaje oficial con dietas pagadas. Es decir, ha sido como una barra libre continua que hemos pagado entre todos pero que sólo han disfrutado nuestros políticos profesionales y cargos bien relacionados de nuestra querida dedocracia.

A decir verdad, también se han multiplicado los conciertos subvencionados a grupos musicales que raramente solían venir por aquí y que a nuestro modesto entender la única cultura que glorifican es la de la drogadicción y la del triunfar sin dar golpe, muy propia de la nueva estirpe de rebeldes que cultiva el sistema, también hemos tenido mercadillos de lo más hortera que han venido representando todo tipo de épocas y que han servido para incrementar notablemente nuestra cultura mercadillil (para que ir a Cartes o Santoña teniendo aquí un riquísimo chocolate celta) y por supuesto un festival intercultural, organizado por empresas alóctonas y que ha dejado de lo más contento (por la pasta que se han sacado, más que nada) a las diferentes asociaciones de inmigrantes, proinmigrantes, promulticultu, anti racistas, etc, etc. (que nos cuenten cuenten cuales han sido sus aportes culturales a esta ciudad).

Pero lo más triste de todo es que si algo ha caracterizado toda la vida a la ciudad de Santander es su marcada identidad cultural, una identidad propia que nunca hizo falta importar de ningún lado, que no funciona a golpe de subvención, y que en los últimos tiempos se está diluyendo como un azucarillo en un vaso de agua. En definitiva, han vendido la esencia de la ciudad en nombre de la modernidad, el multiculturalismo y demás milongas (y votos, claro).

También nos hemos ido quedando sin otros elementos culturales de la ciudad, algunos directamente dejándolos morir debido a que no se ha actuado ni previniendo ni conservando (como para invertir en nuestro patrimonio histórico-artístico, que en buena parte se encuentra literalmente en ruinas, con el presupuesto de la candidatura) y otros directamente eliminándolos apoyados gostosamente en la revanchista Ley de Memoria Histórica porque no pegan con los nuevos aires que quieren traer a la ciudad.

A Dios gracias les han cortado el grifo, pero lo jodido es que los fenómenos quieren aferrarse como sea a la estela que ha dejado la candidatura con la continuidad de su fundación, todavía una semana después visitando su web parece que no se han dado por aludidos. Lo más triste de todo es que después de 4 millones y medio derrochados, los chavales de la ciudad siguen sin leer a Pereda, Concha Espina o Menéndez Pelayo entre otros, será que son de otro mundo.

Rastapopoulos

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